Ciudades digitales

Justo X Girona

2022

Introducción

En base a las cuestiones que plantea Rem Koolhaas en La Ciudad Genérica, sobre el desarrollo de las ciudades contemporáneas y su comparación premonitoria entre estas y los aeropuertos contemporáneos.

Me planteo, si el desarrollo de la ciudad contemporánea generase realmente ciudades genéricas, cuyo rasgo identitario fuese la pertenencia a un grupo de ciudades homogéneas, como se ha conseguido con los aeropuertos, ¿Hay en los aeropuertos hoy en día un lugar para la identidad personal? y ¿La pérdida de identidad de las ciudades que habitamos, suprimirá la identidad de nuestros espacios privados?.

Como una brisa fresca

La conquista de lo genérico se extiende desde diferentes frentes por la ciudad como una brisa fresca. Espacios en blanco, libres del trillado discurso local. De esta manera lo genérico se establece silencioso en la cotidianeidad. Espacios generalmente de tránsito que permiten un discurso propio en ellos, pues carecen de identidad determinada.

Los discursos que se generan en estos nuevos espacios no permanecen, permitiendo a todos los individuos que lo consumen una experiencia subjetiva, supuestamente libres de imposiciones religiosas, geopolíticas, etcétera. Como apunta Koolhaas en la página 4 de La Ciudad Genérica “Su principal atractivo es su falta de reglas.”

Lo incómodo se esconde y lo bueno se multiplica.

La casi ya finalizada conquista de la ciudad genérica provoca la aceptación y/o imposición del espacio público como lugar estéril, es en este momento cuando la conexión con el espacio cambia radicalmente, pues lo que en un inicio se percibía como un espacio inclusivo, ha derivado en una plaza de enjuiciamiento público, para el autocontrol de la masa contemporánea. Lo incómodo se esconde y lo bueno se multiplica.

Este cambio radica, como apunta Laurence Costes en el Derecho a la ciudad, “hacemos la ciudad a través de nuestras acciones cotidianas y de nuestro compromiso político, intelectual y económico. Pero, al mismo tiempo, la ciudad nos hace a nosotros.” Los espacios homogéneos fomentan, conductas de salvaguarda de la homogeneidad.

Con relación al tema y parafraseando a David Pérez, en una de las sesiones dijo: “En la calle era donde sucedían las cosas, había que estar allí”. Aquello que sucedía quizás era la fricción, la puesta en común generada por el roce entre distintos pensamientos. Aquello, pudiera suceder hoy fuera del plano físico, en internet, en las redes sociales y al contrarío de cómo sucedía en la calle, quedan registradas todas las acciones sucedidas. Ya no hay que estar en un sitio (la calle), en un determinado momento (cuando sucede la fricción), tenemos la capacidad de acceder a todo momento, tal y como sucedió.

Estadio total de homogeneidad

La ciudad genérica ha llegado al estado total de homogeneidad, muestra de ello son los balcones, punto de conexión entre espacio público y privado, con su uso el individuo se comunicaba con la calle, y al abrir sus puertas la calle entraba en la casa, en forma de luz, sonido y olor, se generaba un diálogo, la calle hacía a la casa y el balcón hacía a la calle. Hasta el punto donde nos encontramos; el espacio público homogéneo, saca de contexto al balcón habitado; molesta, no tengo porque verlo o innecesario, pueden ser reacciones del viandante supracontemporáneo, al ver un balcón habitado. En estos casos el diseño del edificio contemporáneo tiene la solución, pues carece de balcón visto, y los balcones accesibles a la vista, en un primer momento se controlaron por medio de la fachada protegida, ahora ya no es necesario, nadie vive en una casa con balcón dentro de la ciudad, esos edificios históricos son ahora propiedad de empresas, estas harán siempre un uso del balcón en conformidad con el lenguaje común de la ciudad contemporánea.

Pero hay nuevos medios, como alternativa al balcón, al panel de anuncios, a la venta ambulante y a todos los puntos de interacción social. Internet, esta increíble red nos da acceso a todas las opiniones y declaraciones personales de todos los habitantes de nuestra ciudad y del mundo, también al mercado local y global, los productos que ofrecen, el horario que tienen, incluso la posibilidad de mandar los productos a tu casa; La casa el espacio por excelencia de lo privado, moldeado en base a tu subjetividad total, dando como resultado un espacio al que definir como “tuyo”. Nunca en la historia, espacio público y privado habían estado tan conectados.

Conclusión

Si el aeropuerto es como la ciudad contemporánea, los edificios residenciales podrían ser las paredes grises que hay a un lado y otro de las tiendas de souvenirs o comida, quizás se encentren debajo del suelo o en las paredes de los pasillos que conectan la terminal (el centro), con la entrada y salida, sea como sea pensar en ello no me parece extraño pues no hay gran diferencia visual entre el vidrio ahumado y la plancha de acero, superficies pulcras, pertenecientes más al transeúnte, que al habitante.

El espacio privado no se puede percibir en los aeropuertos, al menos como espacio físico, puede que nuestros actuales hogares desaparezcan de la ciudad contemporánea, del plano físico para generarse en nuestra mente, imaginarlo al observar un muro liso o transitar por un espacio homogeneizado.

Sea este el futuro o no, que nos espera, actualmente tenemos a nuestra disposición la herramienta para entrenarnos, Internet; el actual diseño de las redes sociales ha construido una ciudad para cada uno de sus consumidores, lo incómodo se esconde y lo bueno se multiplica, separando estas ciudades unas de otras; se perciben como enriquecedoras y se venden como nexo común, pero no es más que una ilusión provocada por la sensación de brisa fresca que sentimos al consumirlas, un aluvión incesante de información unidireccional que nos adoctrina en la autoafirmación.

¿Acaso Rem Koolhaas se podría estar refiriendo a estas ciudades digitales cuando habla de ciudad genérica?

“La Ciudad Genérica tuvo alguna vez un pasado. Al encuentro de su destino, de una u otra manera se desgajaron grandes trozos, al principio sin lamentos -el pasado era sorprendentemente aséptico, incluso peligroso- entonces, sin previo aviso, el alivio se convirtió en arrepentimiento. “ (Koolhaas, 2006).